| Interpretación de Apocalipsis 17:12-18 |
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El Fin ha Llegado Parte II
En el pasado artículo sobre el Papa y el fin de los tiempos señalábamos que el próximo Papa será el último, por ser el número 8, pero no puede ser sacado de la plenitud representada por el número 7. En torno a la conclusión que llegamos fundamentados en el versículo 10 de Apocalipsis 17, donde se expresa la poca duración de este nuevo Papa por causa del fin de los tiempos, venimos ahora obligados a hacer un comentario: Si usted lee los versículos 6 y 7 de Apocalipsis 10 verá que ahí dice del siguiente modo: “y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, sino que en los días del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.” Tocar la trompeta es una expresión figurativa para connotar la viabilización de la final revelación. Es importante ver que el séptimo ángel toca la trompeta, y eso equivale a decir que el último Papa y el séptimo ángel tienen un paralelismo en términos de su gestión en el tiempo. Siendo yo el último catedrático y profeta legítimo de la historia de este mundo, como ya hemos reiteradamente establecido, habrá una simultánea participación entre este servidor y el nuevo Papa. Es decir, que ambos, el último Papa y este servidor, estaremos envueltos durante el fin del conflicto; el Papa, obviamente, en representación de Luzbel, y este servidor en representación de Cristo. Por esa razón es que Cristo está en continua consejería con este servidor, por la importancia que reviste este ministerio del fin de los tiempos. Ya yo me he dado a conocer como el Profeta del 2000, y el nuevo Papa también sería el Papa para el 2000. Ya yo he comenzado a tocar la trompeta, pues es en estos tiempos finales que se me ha ordenado clamar a voz en cuello y decir a Israel su pecado (Ap. 14:9-10). De manera que ya se ha comenzado a consumar el tiempo en virtud de mi aparición pública y final. Ya he comenzado a predicar otra vez, por un poco de tiempo (Ap. 10:11), lo que se le asignó a Juan, mi predecesor, y que este no viabilizó, pues este asunto pertenece al fin del fin, cuando Juan ya no vendrá más a predicar en este planeta. Por eso hemos expresado con anterioridad que Juan tomó el libro en representación del profetismo final, representado por este servidor de ustedes, el Profeta del 2000. Les recuerdo que la palabra ángel significa mensajero, y aunque mi nombre, como dicen muchos, no aparece en la Biblia, pues no es necesario (como no aparece el de Jesús en el Viejo Testamento y como tampoco aparece el nombre de la Sra. White, ni el de ningún Papa), pero sí aparece mi gestión declarada por Jesús y claramente definida por mis acciones homiléticas y mi conocimiento teológico e interpretativo en torno a este asunto final.
Repetimos, la palabra ángel significa mensajero, y siendo yo ese último mensajero de Apocalipsis 10:7, cumplo cabalmente con esa advertencia al fin de los tiempos, y culmino, en representación del cielo, lo que ha sido declarado por el profetismo histórico de este siglo malo. He ahí el porqué cuando termine de hacer mi parte “el tiempo no será más” (Ap.10:6). Se habrá aparejado el camino para la segunda venida de mi hermano mayor Jesús el Salvador, Rey de reyes y Señor de señores. Debo, además, recordarles que el escudo de Puerto Rico —inspirado por Dios, quien lo otorgó a esta pequeña isla— anuncia mi ministerio. Mi nombre es Joaquín, pero todos me llaman Juan. La expresión del escudo es “Juan es su nombre”, y dicho escudo se identifica con el Apocalipsis y la historia del Cordero, historia esta que yo conozco plenamente. Sin haber estudiado teología apocalíptica en las Universidades, conozco mejor que cualquier doctor en divinidades o cualquier dis que experto en Apocalipsis, el contenido de dicho libro (Apocalipsis), pues me dijo Jesús en una de sus conversaciones: “Tú fuiste en tu preexistencia quien le reveló a Juan las cosas que yo te envié a decirle. Tú comenzaste esa revelación para el hombre y ahora la culminarás como hombre.” He aquí una observación: En un escrito anterior que saliera en Palestra, contestando al “Mea Culpa” del romanismo, divulgado por Juan Pablo II, dije y cito: “Ustedes tienen un problema de frente, ese problema se llama Luis J. Laborde, Profeta del 2000, hermano de Jesús el Cristo, último catedrático de la historia e hijo de nuestro Padre el Santo de Israel”. Tienen que seguir observando este ministerio del fin y cómo habré de consumar las profecías que Dios ha determinado para que sean por mí cumplidas, y les advierto que son bastantes; les diré aquí algunas: Soy yo el que cumple con la profecía de Isaías en torno a la vindicación de la verdad de la pluralidad eterna, junto al Comité prefigurativo, que ya es una realidad (Isaías 4:1); constituyo yo el segundo olivo de Zacarías 4:14; el segundo pendón de Isaías 11:10-12; soy en realidad el que viabiliza lo que declara el séptimo ángel de Apocalipsis 10:7, y ya empecé a tocar la trompeta; constituyo el segundo testigo de Apocalipsis 11, pues Roma me perseguirá como persiguió a Jesús, y mi persecución vendrá bajo el liderato de este último Papa que está por venir, pues coincidiremos en el tiempo, como ya te he explicado. Me ha dicho Jesús: “Tu nombre ya es muy conocido en Roma. Pronto se repetirá la historia y comprenderás lo que Roma es, como lo comprendí yo hace miles de años atrás. Si quieres ver tu futuro, mírate en mi espejo, pero sé que no me vas a fallar, pues nosotros te respaldaremos en un cien por ciento.” Puedo con toda seguridad aseverarte que constituyo el mensajero que reúne y sella con su predicación trascendental, al fin de los tiempos, al Israel de Dios; soy aquel sellador que coloca a Cristo como el único fundamento y hace crecer el árbol que simboliza el Israel final a la luz de Romanos 11:22-26. Después de cumplir con mi obra de sellamiento habré aparejado el camino para la segunda venida de Cristo. Por consiguiente, mi ministerio aparece también en Apocalipsis 14, donde en calidad del tercer mensajero de la historia doy seguimiento a Lutero —segundo ángel en ese contexto; el primero lo fue Pablo—, y también como aquel que se presenta ante Cristo para advertirle que mi obra ha sido culminada, y proclamar: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Ap. 14:12). Posteriormente, ascenderé un tiempo no definido, pero corto, para luego descender en calidad del que libera al pueblo y lo saca de Babilonia (Ap. 18). Soy también, según el Espíritu de Jesús, quien me habla consistentemente, el segundo segador que aparece en Apocalipsis 14, porque descenderé y culminaré mi ministerio internacionalmente hablando, para luego ascender al fin de los tiempos y venir junto a mi hermano mayor a levantar a nuestro pueblo. ¡Inverosímil!, ¿verdad? Pero te juro ante Dios que no miento, porque Jesús no puede mentir y es Él quien me ha declarado estas cosas.
A los hatillanos que puedan leer esta explicación, especialmente a aquellos que me conocieron desde mi infancia, les digo: ¿Me recuerdan compueblanos? Ustedes que me conocen saben que nunca fui ni presuntuoso, ni dado a llamar la atención para crecer en importancia ante la sociedad. Me dirijo ahora a Luis Martínez, Roque Castro Machado, Jesús Maisonet, Juan Ramón (“Popo”), a Titi Alcaide, al licenciado Gilberto Salas (el amigo “Gilbert”), a Guare Sánchez, a Roberto Arana, Papo Arana, Juan y Alejo Rodríguez y a otros que fueron mis amigos de infancia, como Basilio y muchos más que pueden dar testimonio de mi condición de inhibición y sencillez para con todos. Cito este hecho porque nunca he corrido, y siempre me consideré como un hombre sencillo, que nunca fue lo que en el lenguaje pueblerino decimos “un presentao”. Por consiguiente, en esta ocasión tampoco estoy corriendo. Simplemente debo repetir lo que Jesús me ha dicho que difunda ante mi pueblo, pues estoy seguro por sus dichos que ese sí es Jesús de Nazaret, el humilde hombre que se constituyó en nuestro Salvador.
Continuemos Interpretando Apocalipsis 17
Retomemos ahora la interpretación de Apocalipsis 17 partiendo del versículo donde nos quedamos en nuestros comentarios anteriores; en aquella ocasión llegamos hasta el versículo 11, démosle seguimiento ahora a partir del versículo 12, considerémoslo: “Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.” Note el amigo lector que esta profecía fue cumplida, históricamente hablando, cuando los diez reinos en que culminó el Imperio romano constituyeron (previo a la caída de ese grandísimo imperio) parte del poder terrenal que convirtió al cristianismo de aquel entonces en la iglesia oficial del Imperio, específicamente lo culminó el emperador Justiniano y su antecesor Teodosio. El término “por una hora” indica un corto período de asociación junto a la bestia (sistema Papal), para después constituirse en oponentes de esta. Así se desarrolló y culminó este asunto en la historia; sin embargo, el Papa representó a ese mismo Imperio quien recuperó en el sentido religioso el dominio sobre los reyes de la tierra. Hemos venido interpretando mediante el método bilateral los misterios bíblicos de carácter apocalíptico y no vamos a pasar ahora por alto ese hecho que constituye un gran principio de interpretación como hemos demostrado. Por consiguiente, declaro aquí que lo explicado por el profeta Juan sobre los diez reinos es historia cumplida y, a la vez, escatológicamente hablando, por cumplirse. Si los diez cuernos representan los diez reyes que integraban el Imperio romano, estos deben ser tomados como figura de los que van a cumplir con la profecía en términos escatológicos o culminativos, ya que en la historia se ha demostrado “que lo que fue será”, o sea, que la historia es circular o repetitiva.
Por consiguiente, estos diez reyes que cumplen históricamente hablando la profecía, constituyen una figura de los diez reyes que habrán de hacer lo mismo que los anteriores en el fin del fin o ahora en el cierre del escatón. ¿Quiénes son? Pronto lo sabremos, al final de estos análisis, pues yo, en calidad de último catedrático y profeta, os lo diré.
El versículo que sigue, el 13, justifica lo que estamos diciendo; veamos: “Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y autoridad a la bestia.” El propósito común les llevará a constituirse en aliados. En el versículo 14 leemos así para darle continuidad al análisis o interpretación de esta profecía: “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles.” Nótese que a medida que avanzamos en la interpretación se me da la razón porque ahora ya es obvio que estamos en el fin de los tiempos. No hay duda que aquí se está citando la batalla que pondrá fin al Conflicto, la batalla del Armagedón, que comenzará el hombre por el petróleo y terminará Dios con su intervención final cuando Cristo venga entre las nubes de los cielos, en calidad de Rey de reyes y Señor de señores. La revelación de Juan continúa diciendo así: “Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas” (versículo 15). Comienza el versículo diciendo: “Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta...”, note que el verbo “se sienta” está en presente continuo, indicando así que se sentó, se sienta y se sentará en un fundamento totalmente amplio de naciones y pueblos. Por consiguiente, las naciones y pueblos aquí aludidos no son las naciones y pueblos del pasado, sino del fin del conflicto, entiéndase que en lugar de godos, visigodos y ostrogodos, serán naciones muy conocidas en el presente como lo son Estados Unidos de Norteamérica, Inglaterra, Alemania Occidental, etcétera (de tales cosas ya dijimos que estaremos hablando al final de estos escritos). En el versículo 16, donde se dice: “Y los diez cuernos que viste en la bestia, éstos aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego”, en nuestra interpretación escatológica o final es necesario adelantar que estos reyes modernos, que estarán respaldando a Roma en sus pretensiones de dominio universal, cuando descubran por este ministerio cómo han sido engañados, celebrarán juicio punitivo adelantado a la bestia. Juicio punitivo implica acción destructiva contra la bestia, acción que culminará Cristo con Su participación final durante el fin del conflicto. Habrá comenzado de ese modo el juicio de esta que culminará Cristo postmilenialmente como lo declara Apocalipsis 20. Continuemos: “porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios.” Este versículo 17 de Apocalipsis 17 es paralelo con el versículo 26 de Daniel 7, nótese el claro paralelismo que he señalado: “Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin” (Dn. 7:26). Está claro que así como en Apocalipsis se señala la expresión “hasta que se cumplan las palabras de Dios” es el equivalente de decir: “Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio”. En estos versículos paralelos de Daniel y Juan, se está haciendo una referencia al Sistema Papal, que es atacado por determinación del Justo Juez, quien no es otro que Dios. Finalmente, en Apocalipsis 17:18 se dice: “Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra.” Se está aludiendo al renacimiento final que va a alcanzar este poder Papal en su alianza con los modernos reyes del mundo. Esa es la misma mujer embriagada por el vino del furor de su fornicación que la bestia dirigió en la canalización de sus acciones y ataduras teológicas y que ahora con el respaldo del protestantismo apóstata (y en especial del Falso Profeta) reúne a los más connotados reyes de la tierra para que la respalden. Véase en Apocalipsis 13 cómo renace de nuevo la bestia mediante su imagen. La expresión “se maravilló toda la tierra en pos de la bestia”, que aparece en Apocalipsis capítulo 13, versículo 3, significa que el mundo entero se va a asombrar de su poder recuperador, y cómo con la asistencia de nuevos reyes alcanzará un total poder al fin de los tiempos. |
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