Vivimos en una lucha continua entre dos poderes, poderes estos que representan el bien (Cristo) y el mal (Lucifer). Este conflicto se remonta a tiempos anteriores a la creación del hombre.
La educación cristiana en una comunidad de creyentes desarrolla verdaderos cristianos que unidos en un mismo sentir logren promover el amor filial o ágape, que es el que Cristo coloca al alcance de Sus seguidores, para poder enfrentar por la fe en Cristo los acontecimientos finales.
Una comunidad de creyentes apartada del mundo es el equivalente de una iglesia en convivencia las 24 horas del día, donde se da prioridad a los asuntos espirituales.