| Un Verdadero Concepto Bíblico de Dios y la Encarnación |
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La Biblia nos habla de un Dios Trascendente cuyos atributos lo constituyen en un Ser incomprensible para el ser humano finito y lleno de tantas limitaciones. Se nos enseña que Dios posee atributos, tales como el de la Omnipresencia (presente en todas partes), Omnipotencia (poder para hacer todas las cosas), y también el de la Omnisapiencia (todo lo conoce o que posee una ciencia universal). Es incuestionable el hecho de que Dios se nos revela en Su Palabra Escrita como un poder omnímodo o absoluto. Cuando leemos pasajes en la Escritura, tales como los que aparecen en Isaías 40:12-25 y en Job capítulo 38 es fácil comprender que Dios no puede ser entendido en Su trascendencia por ninguna criatura. Sin embargo, Él se dio a conocer; y para así hacerlo descendió a niveles de comprensión humana en Cristo. Veamos estos versículos: “¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados? ¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole? ¿A quién pidió consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia? He aquí que las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he aquí que hace desaparecer las islas como polvo. Ni el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus animales para el sacrificio. Como nada son todas las naciones delante de él; y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es. ¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis? El artífice prepara la imagen de talla, el platero le extiende el oro y le funde cadenas de plata. El pobre escoge, para ofrecerle, madera que no se apolille; se busca un maestro sabio, que le haga una imagen de talla que no se mueva. ¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó? El está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar. El convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana. Como si nunca hubieran sido plantados, como si nunca hubieran sido sembrados, como si nunca su tronco hubiera tenido raíz en la tierra; tan pronto como sopla en ellos se secan, y el torbellino los lleva como hojarasca. ¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? dice el Santo”.
Un Dios tan Sólo Accesible en CristoLa Escritura nos asevera que Dios habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, veamos: “el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén” (1 Ti. 6:16). Por otro lado, Juan nos dice que a Dios nadie le ha visto jamás; el unigénito Hijo que está en el seno del Padre le dio a conocer: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Jn. 1:18). Podemos entonces concluir que cabe a Dios otorgarle el título de EL INVISIBLE,como lo hace el apóstol en más de una ocasión. Veámoslo: “...porque se sostuvo como viendo al Invisible” (Hebreos 11:27); “El es la imagen del Dios Invisible...” (Col. 1:15). Haciendo una exégesis de este último versículo (Colosenses 1:15) podemos llegar a la sana conclusión de que Cristo es quien da a Dios carácter de visibilidad; que no podemos ni podremos nunca ver a Dios aparte de Jesús. Cuando en dicho versículo se nos dice que es la imagen del Dios invisible, realmente se nos está señalando que Cristo es el que da forma al Dios que no puede ser visto ni conformado en Su calidad de persona Trascendente. En el libro de los Hebreos la Inspiración va más lejos y se nos dice que Cristo es la imagen misma de Su sustancia: “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…” (He. 1:3). Nótese cómo se enfatiza que Él es la imagen misma de su sustancia, no una copia de esa sustancia, sino, la misma sustancia de Dios que tomó imagen (forma) en la persona de Jesús. Claro, ¿verdad? Dios ha Decidido Convivir con la Criatura EternamenteEn Apocalipsis 21:3 se nos dice: “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”. No hay duda que el término tabernáculo se refiere a la humanidad de Cristo, a Su aspecto corporal. Por consiguiente, Cristo es nuestro Dios encarnado en un cuerpo similar al nuestro, y ello implica que Dios decidió despojarse de Su condición de Dios y, “...siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Fil. 2:6-7). Aún cuando Cristo fue exaltado como Rey de Reyes y Señor de Señores seguirá manifestándose con Su forma de hombre por la eternidad. Ello significa que como uno más, en términos de Su conducta diaria, estará junto a nosotros concretizado en el tiempo y el espacio. El Soberano Dios del Universo decidió por voluntad propia adoptar un medio ambiente similar al nuestro. Cristo nos pertenece en todo el sentido de la palabra; Dios así lo quiso y Él estuvo de acuerdo. Por eso cuando Él apareciere entre las nubes del cielo, seremos semejantes a Él: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:2). Así serán las cosas, sin que ello implique ausencia de poder en Su divina persona, pues toda autoridad (poder) le ha sido conferida. ¡De tal manera nos ha amado Dios! que nos concedió a Su poderoso Hijo para que fuese uno entre muchos hermanos. ¡Qué maravilla! En Su conducta terrenal Jesucristo ejecutó muchísimos milagros los cuales rompían con las leyes físicas conocidas, como por ejemplo: Cristo caminó sobre las aguas y ordenó a Pedro que así también lo hiciera. Este último, asombrado ante su acción, terminó hundiéndose. Es obvio, pues, que el propósito de este hecho paranormal fue el de evidenciarnos que debemos siempre depender de Jesús o de lo contrario perecer. Pero, preguntamos: ¿Era ese comportamiento de Cristo parte de Su vida normal como un judío más, o acaso no tenía en dicho comportamiento un propósito especial? Jesús el Cristo, manifestó un comportamiento humano normal en todas las áreas de la vida diaria, pues aunque era divino nunca dejó de ser hombre, paradógicamente. Fueron muchas las veces que pernoctó en un hogar para descansar; que comió y bebió para satisfacer Sus necesidades alimenticias, y salvó, además, grandes distancias caminando junto a Sus discípulos. En una ocasión se transportó en un pollino, porque siendo en forma de hombre y para representar al hombre, sentía y actuaba como un hombre; un hombre muy especial, pero un hombre. Ese hombre que nos representa ante Dios resucitó de los muertos, y para demostrarnos que seguía siendo uno con nosotros pidió de comer a los discípulos después de haber vencido la muerte. “Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: Tenéis aquí algo de comer? (Lc.24:40-41). Conducta Humana del Rey de Reyes no Debe SorprendernosSi como hemos demostrado Cristo se comportó muchísimas veces como un hombre normal, y aún después de resucitado lo hizo, ¿por qué nos sorprende, entonces, el que haya decidido regresar a buscarnos en un medio de transportación? Es que acaso el Señor no tiene la prerrogativa que tiene toda persona de escoger la forma y manera que él crea conveniente para regresar a este mundo? ¿No nos enseña la Escritura que él viene con Sus santos (ángeles) en luz? ¿Crees tú acaso que los ángeles tienen la potestad de surcar el espacio sideral como una facultad inherente? ¿Se adhieren al espacio sideral como entes etéreos? ¿Acaso no es cierto que la Biblia enseña que los ángeles poseen cuerpos celestiales y sustanciales? Indudablemente que la Sagrada Palabra nos enseña que el hombre vindicado o redimido será semejante a los ángeles y nunca volará motu propio. El hombre eterno vivirá en este planeta ya vindicado de un modo permanente o eterno. Tendremos manos y pies para que caminemos y actuemos, pero no alas para que volemos. La Biblia no puede mentir. Para surcar el espacio dispondremos de unos medios que Dios nos ha permitido descubrir a los fines de sentirnos útiles y felices. La tecnología es parte de la felicidad del hombre hecho a imagen y semejanza de Dios. Los Astros, La Ciudad Santa y los Aparatos VoladoresNos enseña la Biblia que la Tierra y todos los astros que ocupan el espacio sideral están suspendidos en el aire, y así es: “El extiende el norte sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada”(Job 26:7). De un modo misterioso y efectivo Dios los sostiene en su lugar. Como cuestión de principio podemos decir que un planeta como el nuestro tiene características similares a un vehículo espacial (sin que ello anule las grandes diferencias). Veámoslo: 1. se auto sostienen en el espacio 2. se mueven en el espacio 3. soportan peso adicional al de su natural contenido 4. constituyen concreciones espaciales El extraordinario tamaño de un planeta o de un astro como el Sol, tan sólo pudo haber sido creado por un Dios infinito, Trascendente y Todopoderoso. Es innegable que la criatura nunca alcanzará tal magnitud creacionista. Tan sólo en una esfera mucho menor el hombre creado a imagen y semejanza de Dios podrá emular a su Creador. Siguiendo esta clara y bíblica línea de pensamiento (que algunos llaman racionalista) podemos percatarnos de que el avance tecnológico de este siglo es el producto de la capacidad creadora con que Dios dotó al hombre; pero decir que es el producto del pecado eso es una barbarie. En todo caso, el pecado determinaría qué es lo que vamos a inventar; pero en términos de capacidad, la afecta negativamente, nunca positivamente. La Ciudad SantaLa Biblia nos habla de una Ciudad Santa que desciende del cielo: “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido” (Ap. 21:2). Es obvio que esta ciudad que desciende del cielo se constituye posteriormente en la capital del mundo y el universo, pues Dios representado por Cristo morará en ella: “Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Ap. 21:22-27). Esta descendente Ciudad Santa constituye el medio de transportación en que vendrá Jesús con todos Sus santos. Es, pues, obvio que Cristo enviará Sus ángeles a recoger a los escogidos desde los cuatro ángulos de la Tierra: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mt. 24:31). Recibiremos luego al Señor en los aires como dice Pablo en Primera de Tesalonicenses 4:17, “y así estaremos siempre con el Señor”. Es claro que no vamos a estar siendo aguantados por los ángeles todo el tiempo que estemos en el aire. Se puede inferir a la luz de estos señalamientos que seremos ubicados en la Ciudad Santa donde nos encontraremos con Jesús y los ángeles. Luego de mil años, durante los cuales estaremos conociendo otros mundos, regresaremos a este planeta, en la Ciudad Santa, y presenciaremos el juicio de los impíos ante el gran trono blanco: “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Ap. 20:11-15). Es, pues, innegable el hecho de que la Ciudad Santa es utilizada por Dios como medio de transportación durante la venida de Cristo y el milenio y luego como lugar de residencia para Cristo y Sus santos, constituyéndose así en la capital del universo: “Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió” (Ap. 20:9). ¡Qué maravilloso y misericordioso es Dios para con Su criatura! ¡Indudablemente, grande es el misterio de la Encarnación! La encarnación es el corazón y fundamento del Evangelio e implica que Dios se hizo hombre y descendió a niveles de compresión humana en Cristo y por amor a Su criatura. |